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Una rosa ha brotado, Praetorius y Lutero.

Compositores como Praetorius establecieron el estilo de la música eclesiástica luterana en Alemania y abrieron un camino que culminaría Bach, más de un siglo después.

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En Octubre de 1517, el fraile alemán Martín Lutero clavó en la puerta de la Iglesia del castillo de Witterberg sus 95 tesis, una respuesta al exitoso pero cuestionable comportamiento de la Iglesia de Roma. En aquellas palabras expresaba no tanto un desafío a la Iglesia Romana sino las conclusiones de una búsqueda personal que aliviara a su alma del peso del pecado, por amor a la verdad y por el anhelo de alumbrarla. Probablemente, Lutero no imaginaba en fecha tan temprana que este acto de protesta se traduciría, tres años después, en la ruptura de la Iglesia Romana y el nacimiento de una nueva rama del cristianismo, el protestantismo.

Dada la importancia de la música dentro de los oficios religiosos, esta tuvo que adaptarse a los nuevos tiempos. Una de las contribuciones más importantes de la música al protestantismo en Alemania fue la Coral, un canto homofónico que utilizaba melodías de ritmo sencillo y canto fácil en lengua vernácula para poder ser cantada por todos los presentes, tal y como Martín Lutero había concebido en su reforma del culto. Tanta fue la demanda de éste género que incluso el propio Lutero escribió varios textos para ellos, a veces utilizando el contrafactum, técnica consistente en sustituir el texto de una obra musical vocal por otro, produciendo así corales luteranos a partir de cantos llanos de la Iglesia romana o de canciones profanas.

Hacia fines del siglo XVI, muchas regiones luteranas de Alemania regresaron a la fe católica, lo que consolidó la línea divisoria entre el norte protestante y el sur católico. Con esta separación definitiva surgió un tipo nuevo y distinto de música eclesiástica luterana. Si los compositores protestantes alemanes de comienzos de la Reforma consideraron al coral como algo establecido que no debía alterarse, a finales del XVI, guiados por el ejemplo de Orlando di Lasso, comenzaron a hacer lo que habían hecho los músicos católicos del siglo XV, es decir, emplear las melodías tradicionales como punto de partida para la creación artística libre.

Ante todo, Michael Praetorius se hizo famoso como experto constructor de órganos, pero también como director, organista y compositor, uno de los más importantes del Renacimiento Tardío. Hoy por hoy es conocido por su Syntagma musicum -obra en tres volúmenes que contiene una minuciosa descripción de todos los instrumentos musicales de la época- y Terpsichore –en alusión a la musa de la danza y de la música–, una colección de danzas y melodías francesas arregladas por él en un solo volumen acabado de los ocho que planeaba realizar.

Es ist ein Ros entsprungen es la versión que Praetorius armonizó en 1609 de una tonada anónima preexistente que aparece en el himnario de Speyer, impreso en Colonia en 1599. Desde su composición, la canción ha sido utilizado tanto por católicos como por protestantes, estando dedicada a la Virgen María o al Niño Jesús, respectivamente. La melodía de Praetorius ha sobrevivido hasta nuestros días en la mágica atmósfera de un villancico cuya letra -si en el video que hoy os traemos de Voces of Music cantaran- diría:

Una rosa ha brotado
en un lindo vergel,
el capullo anunciado
del tallo de Jesé.
Ha nacido una flor
en medio de la noche,
de un invierno helador.

El capullo de rosa que me refiero,
De los cuales dijo Isaías
Es María, la pura,
Que nos trajo la florecilla.
En la palabra de Dios inmortal,
Ella ha tenido un hijo
Y se mantuvo doncella y pura.
O: ¿Quién nos ha bendecido?

La florecita, tan pequeña,
Que tan bien nos huele a nosotros,
Con su luz clara
Disipa las tinieblas.
¡Hombre verdadero y Dios verdadero!
Nos ayuda en los pesares
Nos salva del pecado y de la muerte.

 

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